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Dirigido por el psiquiatra Dr. Julio Vallejo Ruiloba en Barcelona

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Tratamiento del Trastorno Bipolar

 
El trastorno bipolar se conoce con precisión desde el siglo XIX en el que se describió la enfermedad (que se denominó Psicosis Maniaco Depresiva), caracterizada por temporadas de excitación e hiperactividad (manía) que alternan con otras de depresión. Hay que puntualizar que el término manía en el lenguaje técnico no tiene el mismo significado que en el coloquial, ya que en el primero se alude a los períodos de exaltación euforia de la llamada fase maníaca del trastorno bipolar, mientras que en el acervo popular la manía tiene una connotación de rareza.

Constatado en todas las culturas, el trastorno bipolar es relativamente frecuente (0,8 - 1% de la población general) y se inicia en edades jóvenes de la vida (alrededor de los 30 años). Aunque es un trastorno que tiende a la cronicidad actualmente puede tratarse tanto a nivel de los episodios de exaltación (manía) como la de los depresivos, así como la tendencia a las fluctuaciones con fármacos estabilizadores, que regulan las transiciones de las temporadas maníacas a las depresivas y viceversa.
MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL TRASTORNO BIPOLAR
La siguiente información está extraida del libro "Introducción a la Psiquiatría" del Dr. Julio Vallejo

¿A quién afecta el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar se da en todas las culturas y razas, con una prevalencia que se sitúa en torno al 0,8-1% de la población general. La proporción de mujeres y hombres es similar en las formas graves (trastorno bipolar tipo I) y superior en mujeres en las formas más atenuadas (trastorno bipolar de tipo II).

La edad de inicio del trastorno bipolar se sitúa antes de los 30 años en el 50% de los casos, y antes de los 50 años en el 90%. En el 10% de los casos iniciados después de los 50 años hay que sospechar la existencia de factores orgánicos. Cada vez se adelanta más la aparición de la enfermedad, si bien en jóvenes los síntomas son más imprecisos: irritabilidad, hiperactividad, insomnio, trastornos de conducta. La duración de los episodios sin tratamiento es variable, pero es de alrededor de 4 meses, y constante en cada paciente. Los intervalos asintomáticos, que duran un promedio de 2 años, son más cortos que en las depresiones unipolares. Los cicladores rápidos constituyen un grupo de especial malignidad (15%).

La cronificación del trastorno bipolar sólo se produce en el 5% de los casos, pero en un elevado número (20-60%) se detecta un notable deterioro laboral, familiar y social, manifiesto en un 10-15% de los pacientes. El abuso de sustancias está presente en el 60% de los pacientes bipolares y empeora el pronóstico. La tasa de suicidios consumados se estima en el 15-20% de los casos. Evidentemente, el tratamiento farmacológico mejora el pronóstico y reduce mucho el riesgo de suicidio.

Manifestaciones clínicas del trastorno bipolar

El cuadro clínico del trastorno bipolar se caracteriza por la alternancia de episodios maníacos y depresivos. El trastorno puede iniciarse con un cuadro maníaco, hipomaníaco o depresivo. En ocasiones el paciente presenta varios episodios depresivos antes de presentar uno maníaco. Los autores europeos convinieron en que para establecer el diagnóstico de depresión unipolar se precisaba un mínimo de tres episodios depresivos sin manía intercurrente. Por otra parte, en personas jóvenes el primer episodio puede ir seguido de un periodo asintomático de varios años, pero con el tiempo los periodos intercríticos van reduciéndose, de forma que se presentan cada vez con más frecuencia episodios con el paso del tiempo.

Cada paciente tiene un patrón personal y constante de presentación, tanto de los episodios maníacos como de los depresivos.

Manifestaciones clínicas del trastorno bipolar: Depresión

El cuadro depresivo del trastorno bipolar guarda grandes similitudes con las manifestaciones clínicas descritas para las depresiones unipolares, si bien los individuos con depresión bipolar presentan inhibición e hipersomnia diurna más acusadas que aquellos con depresión unipolar. Asimismo, los episodios bipolares son más cortos (3-6 meses) y frecuentes (media de 2 años) que los unipolares, y responden mejor a los fármacos eutimizantes (fármacos reguladores del estado de ánimo como las sales de litio) que los unipolares.

Manifestaciones clínicas del trastorno bipolar: Manía

El cuadro clínico de la manía en el trastorno bipolar puede tener varias formas, pero por lo general está marcado por lo que se conoce como taquipsiquia, que supone una aceleración general de todas las funciones psíquicas (afectividad, pensamiento, conducta, sexualidad, etc.). Aunque la manía se caracteriza sobre todo por un estado de ánimo desbordante, lábil y patológico, lo más específico es la hiperactividad general, de forma que un paciente puede estar maníaco sin estar eufórico, pero jamás sin tener un punto más o menos acusado de hiperactividad. El inicio más frecuente y constante del cuadro maníaco es el trastorno del sueño, la insaciabilidad alimentaria, el consumo excesivo de tóxicos, la desinhibición sexual, las compras excesivas e innecesarias o los proyectos de trabajo inapropiados.

Tratamiento del trastorno bipolar

En el trastorno bipolar hay que distinguir el tratamiento del episodio agudo del tratamiento de mantenimiento dirigido a evitar recurrencias. El tratamiento del episodio depresivo agudo sigue las directrices habituales para la patología depresiva, si bien con prudencia para no provocar un cambio a un esta maníaco, por lo que la asociación con litio u otro eutimizante es ineludible. Por su parte, el tratamiento de la manía aguda se efectúa con litio, antipsicóticos y en casos muy graves con electroshock. Un 70% de los casos requieren hospitalización, pues la ausencia de consciencia de enfermedad impide la colaboración del paciente y un tratamiento ambulatorio normal. En este periodo la psicoterapia está contraindicada, aunque hay que intentar conseguir una buena relación con el paciente que permita realizar un tratamiento adecuado. El cese de la agitación y la reinstauración del sueño son índices predictores de buena respuesta a la fase maníaca del trastorno bipolar.

El tratamiento de mantenimiento del trastorno bipolar se realiza desde otra perspectiva que el tratamiento del periodo agudo. En este caso, el objetivo se centra en evitar futuras recurrencias. El litio continua siendo el fármaco más eficaz, con un índice de eficacia de alrededor del 75% de pacientes. En los últimos años otros eutimizantes completan la acción del litio (valproato sódico, carbamazepina, lamotrigina, topiramato, gabapentina), aunque con menor apoyo experimental. A menudo hay que combinar dos o más de estos fármacos para conseguir una respuesta favorable. Todos estos medicamentos deben administrarse con control médico muy riguroso, pues no son inocuos, en especial el litio, que debe mantenerse dentro de unas determinadas concentraciones para que no sea ineficaz o tóxico. Aunque la psicoterapia no es eficaz en la propia enfermedad del trastorno bipolar, los programas psicoeducativos, dirigidos a informar al paciente y mejorar el cumplimiento farmacológico son muy útiles.

Evolución histórica del trastorno bipolar

El trastorno bipolar es el nuevo término de un cuadro descrito hacia finales del siglo XIX por autores franceses, que lo denominaron psicosis maníaco –depresiva. Ya hacia mediados del siglo XX (1957), un autor alemán, Leonhard, distinguió con claridad los trastornos depresivos unipolares (depresiones sin manía) de los bipolares (alternancia de episodios depresivos y maníacos). En las depresiones unipolares sólo se presentan episodios depresivos pero no cuadros maníacos, como en el trastorno bipolar.

En el pasado el concepto de trastorno bipolar tenía un carácter mucho más restrictivo, puesto que se aplicaba a cuadros graves con importantes episodios depresivos y maníacos (trastorno bipolar tipo I). Sin embargo, en la actualidad el concepto bipolar incluye formas más atenuadas, en las que los episodios maníacos no son tan aparatosos (trastorno bipolar tipo II), así como un cuadro que antes se consideraba un trastorno de la personalidad, que es la ciclotimia (Eje II), y que hoy se incluye entre los trastornos bipolares (Eje I).
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